Boletín de prensa 30 Jun, 2026

Más allá de las cifras: las voces que revelan la educación que se vive en los territorios

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Durante varios meses, docentes, estudiantes, rectores, madres de familia, tutores pedagógicos y líderes educativos de distintas regiones del país participaron en los Diálogos Territoriales impulsados para evaluar las estrategias que hoy buscan fortalecer la educación pública colombiana.

Las conversaciones se desarrollaron en ciudades como Soledad, Cali, Pereira, Bogotá y Santa Marta, reuniendo voces provenientes de territorios tan diversos como La Guajira, San Andrés, el Pacífico nariñense, el Bajo Baudó chocoano, las montañas de Antioquia, las zonas rurales de Córdoba, el Catatumbo, Putumayo y la Sierra Nevada de Santa Marta.

Más allá de indicadores, cifras o informes técnicos, los encuentros dejaron algo difícil de medir en una estadística: historias.

Historias de niños que recorren largas distancias para llegar a la escuela. De docentes que encontraron en la formación avanzada una oportunidad que creían imposible. De comunidades que han convertido la educación en una herramienta para enfrentar la violencia, fortalecer la identidad cultural y construir proyectos de vida.

Una de esas voces fue la de Noemí Xiana Anaya, rectora de la Institución Educativa Nueva Unión, en Tierralta, Córdoba. Desde una zona marcada por el desplazamiento y el conflicto armado, relató cómo la ampliación de la oferta educativa ha permitido que más estudiantes permanezcan en el sistema escolar.

“Hoy hemos logrado quitarle niños al conflicto armado”, afirmó durante uno de los encuentros.

Su testimonio no fue el único. Desde Argelia, Cauca, el rector Aimer Perafán compartió la experiencia de una institución que, pese a las dificultades de infraestructura, ha logrado crecer y ofrecer oportunidades educativas a cientos de estudiantes en una región históricamente afectada por la violencia.

“Le hemos arrebatado estudiantes al conflicto armado, al ocio y a la delincuencia”, expresó.

Mientras tanto, en el Pacífico, Daniel Payán Minotta contó cómo un proyecto de rescate de bailes tradicionales afrodescendientes terminó convirtiéndose en una estrategia para fortalecer la identidad cultural de los jóvenes y reforzar su sentido de pertenencia.

A más de mil kilómetros de allí, una voz de  Montería, la docente Alejandra Tenchi relató cómo un grupo de estudiantes decidió enfrentar la contaminación ambiental transformando aceite de cocina usado en jabón. Lo que comenzó como un proyecto escolar hoy involucra a familias enteras y ha permitido a los jóvenes comprender la química desde una perspectiva práctica y cercana a su realidad.

Las historias también llegaron desde las aulas de educación inicial. En Bello, Antioquia, Mónica Agudelo busca que sus estudiantes sientan la escuela como un lugar seguro, en refugio para niños que enfrentan contextos complejos de vulnerabilidad social.

Marisol Pacheco, de Popayán contó cómo el interés de sus estudiantes por la cocina dio origen a un proyecto de emprendimiento que involucró a familias, docentes y directivos.

Por su parte, Lina Gómez de Tunja, resumió la filosofía de su institución con una frase que despertó sonrisas entre los asistentes: “El PIB de esta escuela es la felicidad”.

LOS ESTUDIANTES TAMBIÉN TUVIERON ESPACIO PARA CONTAR SUS PROPIAS EXPERIENCIAS.

Desde una vereda de Astrea, Cesar, Marlen Barraza llegó para compartir cómo los Centros de Interés han transformado la forma de aprender en su escuela rural. En San Andrés, Hamudi Aislan Castro habló de su participación en procesos de música y danza que hoy fortalecen su confianza y sus habilidades de comunicación. Desde Yopal, Casanare, Aranza fue reconocida por su participación activa en actividades culturales y formativas dentro de su institución educativa.

Otro de los temas que emergió con fuerza durante los diálogos fue la formación docente.

Rectores y maestros de distintos territorios coincidieron en señalar que acceder a programas de formación avanzada ha transformado no solo sus trayectorias profesionales, sino también la manera en que comprenden la educación.

Desde La Guajira, Luz Betina Kambar relató cómo pasó de ejercer exclusivamente labores de aula a asumir nuevos roles de liderazgo y acompañamiento pedagógico.

En Bolívar, William de la Cruz recordó las dificultades que enfrentó para cursar una maestría mientras trabajaba en zonas rurales con limitaciones de conectividad.

Y en municipios apartados del Pacífico colombiano, varios docentes destacaron cómo estas oportunidades de formación les permitieron desarrollar proyectos capaces de responder a las necesidades de sus territorios.

A lo largo de los encuentros también participaron representantes de secretarías de educación y entidades territoriales, quienes resaltaron la importancia de fortalecer la articulación entre las políticas nacionales y las realidades locales para garantizar la sostenibilidad de estas iniciativas.

Sin embargo, más allá de las diferencias entre regiones, niveles educativos o estrategias implementadas, hubo una idea que apareció de manera recurrente en las conversaciones.

La educación adquiere mayor sentido cuando logra conectarse con la vida de las personas.

Ya sea a través del arte, la cultura, el emprendimiento, la formación docente, la permanencia escolar o el fortalecimiento de las comunidades, las experiencias compartidas durante los Diálogos Territoriales evidenciaron que las transformaciones más profundas suelen comenzar en las aulas, pero terminan impactando a familias enteras y, en muchos casos, a comunidades completas.

Esa fue, quizás, una de las principales conclusiones que dejó este recorrido por los territorios: detrás de cada estrategia educativa existen personas que la convierten en realidad todos los días. Y son esas voces, provenientes de distintos rincones del país, las que hoy ayudan a comprender cómo la educación sigue construyendo oportunidades allí donde más se necesitan.

 

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